El Banco Central tiene mucho poder de fuego y el mercado lo sabe. Por eso, ayer con una mínima señal, una intervención minúscula de USD 30 millones consiguió hacer retroceder al tipo de cambio de pesos por dólar todo lo que había subido durante la jornada. Tal como lo había hecho el Tesoro a principios de febrero, ahora en el arranque del mes fue el titular del BCRA, Federico Sturzenegger, quien tuvo que salir a poner paños fríos y a “marcar la cancha”.

El dólar cerró a $20,52 en el mercado minorista luego de haber trepado hasta $20,66 a mitad de la rueda. Y el mayorista que llegó a tocar los $20,40 retrocedió a niveles de $20,21, tras la aparición del Central.

El impacto fue inmediato, aún cuando el monto fue casi intrascendente. La entidad no intervenía directamente en el mercado cambiario desde agosto del año pasado. La incógnita es, en todo caso, si será suficiente con esta intervención casi “testimonial” o si se verá obligado a redoblar la apuesta, en caso de que la presión de la demanda de la divisa no afloje.

Sturzenegger prefiere que el tipo de cambio flote y que si se ve obligado a intervenir sea en forma esporádica. El mercado denomina a este esquema como “flotación sucia”.

Lo que aún no está del todo claro es por qué fue ayer y no la semana pasada o la anterior lo que lo llevó a actuar. ¿Impedir que el aumento de la volatilidad internacional impacte sobre el mercado local o frenar el sesgo especulativo del mercado cambiario local? ¿O tal vez alguna otra causa?

Al Tesoro le había costado muchísimo más, USD 400 millones, frenar la escalada de la divisa y ponerle un techo momentáneo en $20 para el mayorista (unos $20,25 en promedio para la venta al público). Pero la turbulencia del mercado americano y el contagio a los activos locales provocaron un salto adicional.

A estos niveles de dólar el Gobierno está “cómodo”, tal como lo reconoció el ministro de Producción, Francisco Cabrera. El tipo de cambio real, luego de la depreciación del peso acumulada desde diciembre, volvió a niveles de abril de 2016. Es decir que al menos por ahora quedó atrás la preocupación por el fuerte atraso cambiario que se venía acumulando a lo largo del 2017.

El peligro de la dinámica de las últimas tres semanas era que el dólar tome todavía más vuelo hasta poner al Gobierno “incómodo”. El objetivo oficial es que a partir de ahora la divisa acompañe de cerca a la inflación, pero que a lo largo del año no la supere.

El mercado cambiario está desbalanceado y ésa es la real preocupación del equipo económico. La demanda supera largamente la oferta de dólares.

Según el último balance cambiario del BCRA, las compras netas de divisas para atesoramiento superan los USD 2.000 millones mensuales y a eso se agregan otros USD 1.000 millones de déficit comercial. Además, se van en promedio otros USD 1.000 millones por turismo por mes.

Pero esa salida de dólares hoy no tiene contrapartida en la oferta. Desde que arrancó febrero ni una sola empresa ni provincia salieron a colocar deuda en los mercados internacionales, el principal canal de ingreso de divisas durante el 2017.

Y los provenientes de la colocación de USD 9.000 millones que realizó el Tesoro en enero se volcaron en su mayor parte directamente a las cuentas del Banco Central.

También se redujo sensiblemente el ingreso de dólares que llegan para inversiones financieras, es decir para apostar a la famosa “bicicleta financiera”.

Ante la volatilidad del tipo de cambio, se retrajeron los inversores (argentinos o extranjeros) que salían a vender dólares para pasarse a inversiones en moneda local. Y eso restó oferta al mercado.

El objetivo en esta etapa sería dar una mayor señal de estabilidad cambiaria. La mezcla de una tasa de interés en pesos que sigue alta (las Lebac a un mes rinden 27,25% anual) y un dólar mucho más tranquilo invitarían a apostarle al peso. Sobre todo teniendo en cuenta que el dólar acumula una suba de casi 19% desde diciembre y a nadie le conviene que siga con semejante ritmo al alza.

Apuesta de la autoridad monetaria

Con este escenario, la apuesta es a recuperar la oferta de dólares y que vuelva a emparejarse con la demanda. Por un lado con más ingreso de dólares para “carry trade”, es decir aprovechar las atractivas tasas en moneda local. Luego se espera que el mercado empiece a tranquilizarse y las empresas vuelvan a emitir deuda en dólares.

Pero la estrategia es básicamente tender un puente hasta después de Semana Santa. Se espera que a partir de abril empiecen a ingresar los dólares de la cosecha gruesa.

El segundo trimestre es el que marca el mayor ingreso de dólares por la venta de la soja y eso será clave para que el tipo de cambio se tranquilice. La baja de la producción por la intensa sequía se verá en buena parte compensada por el aumento de los precios de la soja en el mercado internacional.

Pero aún quedan varias semanas por delante para que empiecen a llegar esas divisas.

Fuente | Infobae