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La recuperación de Brasil ya impacta en la economía argentina, sobre todo en la industria automotriz. Tras dos años de crisis, con una contracción acumulada del PBI del 8%, el principal socio comercial del país crecerá 0,7% en 2017 y prevén una aceleración en torno al 2,4% para el año próximo. Para los analistas, son buenas noticias, pero advierten sobre el incremento del rojo comercial, un problema crónico, que podría ascender hasta US$8.600 millones en 2018, según proyecciones de Abeceb.

Ya desde este año, el tenue repunte brasileño se refleja en las estadísticas. En 2016, en plena crisis, la Argentina exportó a Brasil US$9.027 millones, sobre todo autos (34% del total), bienes agrícolas (32,7%), químicos (11%), autopartes (9,8%) y minerales y combustibles (2,7%). Para este año, “las ventas a Brasil crecerán 4,5%, lo que en un contexto de estancamiento no es algo malo”, interpreta Belisario de Azevedo, experto en Comercio Exterior de la consultora Abeceb.

Lo cierto es que el déficit comercial con Brasil en el primer semestre ascendió a casi US$7.000 millones, la cifra más alta de los últimos 15 años. La última vez que la balanza dio favorable a la Argentina fue en 2002, tras el derrumbe de las importaciones como producto de la crisis económica. Precisamente, los analistas coinciden en que el rojo es un problema estructural de difícil resolución, “que puede durar años”, dijo Horacio Reyser, secretario de Relaciones Económicas Internacionales de la Cancillería. El funcionario, sin embargo, reconoce que el tema preocupa, sobre todo “el incumplimiento” de los acuerdos sobre el intercambio bilateral en el sector automotor.

Tal acuerdo está basado en el coeficiente “flex”, que establece que por cada dólar (autos o autopartes) que la Argentina vende a Brasil puede importar hasta US$1,5 sin pagar tributos. “Hoy está por encima de 2 y es un volumen significativo y esperamos que se corrija. El mensaje del Gobierno es claro: queremos que se cumpla”, remarca Reyser. De todos modos, desde Cancillería señalan que existen otras posibilidades para incrementar el vínculo con Brasil, más allá de los autos, por ejemplo, en la exportación de servicios: software, asesoría contable, legal y técnica. “El país exporta al mundo en ese rubro más de US$6.000 millones anuales. Y a Brasil le interesa”, concluye Reyser.

En el corto plazo, si se cumplen los pronósticos de la recuperación económica de Brasil para 2018, “las exportaciones a ese país volverán a superar los US$10.000 millones, y es probable que superen los niveles de 2015”, señala un estudio de la consultora DNI. El informe subraya que los 4 sectores más beneficiados serían toda la cadena de valor del sector automotor; las industrias tradicionales (químicos, plásticos, máquinas y aparatos eléctricos y metales); agroindustria (hortalizas, legumbres y lácteos); y productos agropecuarios (cereales, sobre todo trigo).

De Azevedo, de Abeceb, cree que la brecha comercial no es algo preocupante. “Estamos en una etapa de recuperación económica en ambos países, pero son ciclos diferentes. La inversión en la Argentina creció 9% y eso se traduce en importaciones de bienes de capital: maquinaria, camiones, tractores, todo vinculado con una industria que empieza a crecer 4% interanual”, resume. No es un tema menor que desde el récord de 2013, al inicio de la crisis brasileña, las exportaciones argentinas hayan caído 48% por la contracción de la demanda en el vecino país.

Así las cosas, las exportaciones a Brasil se recuperan, pero el desbalance comercial se incrementa no sólo por el boom de importaciones de bienes de capital. Para Lorenzo Sigaut Gravina, economista jefe de Ecolatina, también habría que considerar el retraso cambiario. “Cuando la Argentina crece, importa más porque aumenta la inversión. Y Brasil es proveedor de bienes de capital, transporte y autos”, asegura.

Como contrapartida, Sigaut sostiene que por la contracción en la demanda interna en Brasil el precio de los autos cayó, porque “con la demanda cayendo, la exportación fue el camino para salir de la recesión. Con esto, más el retraso cambiario, en Argentina el patentamiento de autos creció muy fuerte con la producción casi estancada”. Por otro lado, añade el economista, Brasil mejoró su tipo de cambio y su competitividad, con “una reforma laboral muy agresiva” (ver La reforma brasileña…pág 8).

La recuperación económica de los dos socios comerciales son datos promisorios pero la Argentina afronta el desafío de mejorar sus costos de producción. “Inversiones en infraestructura, transporte, logística, fletes, puertos, trenes, entre otros, mejora la productividad y el Gobierno da incentivos. Pero los frutos se verán a mediano plazo, de acá a 4 años. Hoy, las exportaciones están planchadas y las importaciones vienen volando”, describe Sigaut Gravina.

Son esfuerzos que valen la pena. De Azevedo puntualiza que “Brasil es un mercado muy grande y la inserción argentina es muy chica todavía”. En este sentido, enumera que hay muchas chances para aprovechar, en sectores como metalmecánica, cereales, carnes, lácteos, pesca y alimentos: “Son mercados con mucho potencial”, repite. Y también para la industria automotriz. Según Reyser, “el sector es el responsable de la mitad del déficit comercial y eso es por el incumplimiento del acuerdo”.

Con respecto a este punto, el Gobierno, más precisamente el Ministerio de la Producción, viene presentando reclamos a sus pares de Brasil. Reyser insiste en que “una mejora en los precios de los commodities (especialmente de los granos) nos permita recuperar el equilibrio”. Por el momento, las estadísticas ya registran el peso de Brasil en la economía local. Un informe de Abeceb indica que en el primer semestre del año, crecieron las exportaciones de bienes agrícolas (5%), autos (1,6%), químicos (4,8%), autopartes (9%) y minerales y combustibles (34%).

“CERRAR LA BRECHA

Por Dante Sica

Director de Abeceb

Ya es un clásico. El déficit comercial de la Argentina con Brasil no es una novedad: se viene repitiendo en mayor o menor medida todos los años desde 2004 hasta la fecha.

Aunque crece y se reduce en función de factores coyunturales, como el diferencial de crecimiento entre ambos países y la evolución del tipo de cambio bilateral, el déficit argentino dejó de ser coyuntural: el desequilibrio se ha convertido en una cuestión estructural.

Y 2018 no será la excepción, ya que si Brasil crece como estimamos a una tasa del 2,4%, el desequilibrio en el intercambio será de US$8.600 millones, por encima del rojo estimado en US$7.600 millones que se proyecta para este año.

A pesar de que el resultado adverso no es sorprendente, igual genera inquietud y se plantea el interrogante: ¿cómo puede la Argentina balancear la relación con Brasil?

No es un callejón sin salida: existe una variedad de políticas que nuestro país debe profundizar para impulsar las exportaciones hacia el principal socio comercial, como por ejemplo brindar información y capacitar a las empresas, especialmente a las pymes locales, sobre las particularidades del mercado brasileño para su acceso.

También se puede propiciar la homologación de productos con necesidad de registros específicos, equiparar el trato impositivo de productos argentinos con similares brasileños, impulsar el trato nacional para compras públicas o promover los productos argentinos.

Esas medidas deben ser inmediatas y colaborarán en mejorar la performance exportadora local en el mano a mano con nuestro vecino.

Pero sin abordar los problemas de fondo difícilmente se logre torcer una tendencia estructural. El principal desafío para la Argentina es cerrar la brecha de competitividad con Brasil.

En este sentido, el Gobierno deberá intensificar los esfuerzos por aprobar una serie de reformas que permitan dar señales de sostenibilidad fiscal, reducir costos y asegurar la rentabilidad de inversiones productivas, incluyendo una revisión de las reglas actuales que rigen las relaciones entre trabajadores y empleadores, como se ha ido consensuando en diversos sectores.

También es clave que la Argentina y Brasil logren una mayor cooperación y coordinación de políticas. El Mercosur no cuenta con los mecanismos de convergencia o los procedimientos supranacionales para resolver desbalances estructurales de la Unión Europea, por citar un ejemplo.

Pero algunas iniciativas recientes, como la creación de la Comisión de Producción y Comercio Bilateral, la agenda de armonización regulatoria, la decisión de reducir obstáculos no arancelarios y la formalización del diálogo entre empresarios argentinos y brasileños bajo el CEMBRAR, apuntan en la dirección correcta.

Después de todo, sin una participación equilibrada en los costos y beneficios de una mayor integración, la agenda de apertura que comienza a encarar el bloque hacia nuevos mercados podría resultar insostenible.

“GRANDES CHANCES PARA UN GRAN MERCADO”

Por Marcelo Elizondo

Director de la consultora DNI

Brasil es el gran destino para exportaciones argentinas. Estas crecieron desde US$750 millones en 1980 hasta los US$17.000 millones en 2012. Y explicaban el 5% del total en 1980 para saltar al 20% en 2012. Y consecuentemente, Brasil creció como proveedor en nuestras importaciones, con un récord de US$21.000 millones en 2011.

Pero recientes años de dificultades económicas retrajeron el intercambio bilateral (la Argentina le exportará en 2017 unos US$9.300 millones y le comprará unos US$14.000 millones). Sin embargo, la recuperación económica brasileña ya se ha iniciado (se prevé 0,7% de alza del PBI este año y 2,3% el próximo). Brasil explica casi 2,4% del producto mundial, e importa US$140.000 millones en bienes y otros US$62.000 millones en servicios (2016).

El Mercosur nos beneficia con preferencias arancelarias (ante el elevado arancel promedio brasileño de 11,7%), lo que permite que desde nuestro país se le exporten unos 2.000 productos: más de la mitad de los exportadores argentinos venden en Brasil. Pero aquella es una economía poco abierta (según Banco Mundial, con importaciones que solo equivalen a 12% del PBI, es una de las más cerradas del mundo), lo que supone que la Argentina podrá incrementar sus ventas por los beneficios de la alianza, pero a la vez deberá agudizar virtudes competitivas para acceder a una economía en medio de reformas estructurales profundas.

La internacionalización de Brasil crecerá, especialmente a través de sus multinacionales (32 de las principales 100 multilatinas son brasileñas). La 8ª economía mundial será la 5ª en 30 años, y aun en crisis recibió más de US$50.000 millones de IED en 2016, cuando era considerado el 6° receptor en el mundo. Y tiene, según la CEPAL, el mayor capital de innovación con relación al PBI en la región (25%).

Hay para la Argentina grandes oportunidades: Brasil es un gran importador de bienes intermedios, pero en particular lo es de automóviles (el principal componente de las ventas argentinas a ese mercado), piezas y repuestos, petróleo, medicamentos, químicos, fibras sintéticas, pescados, instalaciones eléctricas, lácteos, trigo, papel o botellas.

La Argentina tiene grandes chances de mejorar su acceso en alimentos elaborados, máquinas y aparatos, cereales, químicos, plásticos, caucho y metales y sus manufacturas, entre otros.

Pero para el acceso a este gran mercado, o para llegar en conjunto a terceros mercados, requiere de mayores exigencias que deben ser enfrentadas. Las empresas argentinas deberán prever, pues, el desarrollo de atributos competitivos específicos, entre los que pueden destacarse los siguientes cinco elementos: Arquitecturas vinculares con socios (más que clientes) brasileños; desarrollo de inteligencia y conocimiento en productos y estrategias; innovación para adaptarse a un mercado dinámico; generación de reputación (marcas, certificaciones, trayectoria, alianzas que trasfieren prestigio); y marketing estratégico integral en el que se logre no ya la promoción sino la inserción múltiple para la internacionalización de empresas, más que de productos.

Fuente | Clarin